CUANDO SE ESQUIABA EN EL RUIZ

Hace seis décadas este deporte se popularizó en las mesetas del nevado. Su irreversible deshielo impidió que continuaran los torneos.

Por: Sergio Silva Numa
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Centro de Historia de Manizales

Hoy estamos de suerte: anoche llovió como pocas veces; se desparramó un aguacero enérgico, extenso que, aquí, en el último de los refugios del Parque de Los Nevados, dejó todo inundado de nieve. “Sí, como pocas veces —dice Gabriel, el guardaparques—. Porque esto, ahora, a los 4.800 metros sobre el nivel del mar, es en verdad un peladero, un arenero tremendo. Este blanco se irá a mediodía. ¿Siente? Acá, en el Ruiz, ya no hace frío. Es como estar en tierra caliente. Caliente pero con nieve”. Bastarán 4 o 5 horas para que la capa que nos sostiene, no muy grande, no muy espesa, se disipe plenamente y baje en forma de hilos helados de agua. “Hace treinta años podría tardar 8 o 10 días en derretirse”. O quizá más: de lo contrario esta meseta caldense no hubiese sido alguna vez hogar de cientos de esquiadores. De lo contrario no la hubieran llamado, como lo hicieron en los 50, Manizales, ‘Tierra del Sky’.

Pero el tiempo, el calentamiento global, el volcán mismo, ha ido menguando este glaciar. “Porque —explica Jorge Luis Ceballos, glaciólogo del Ideam— la atmósfera se está calentando y ha cambiado la nubosidad, los vientos y la radiación. Y estos ecosistemas son los más sensibles. Además, el Ruiz tiene una particularidad: hay actividad, hay gases y rocas incandescentes. Y a la capa de hielo se transmite ese calor”.

Se transmite como sucedió a principios de esa década del cincuenta, cuando, paradójicamente, a la par que se creaba el único club de esquí que quizá tuvo Colombia (el Sky Club de Manizales), se daba una de las pérdidas de volumen más grandes en el Ruiz: 139,4 millones de metros cúbicos entre 1946 y 1954.

La reina Mariela Diago, visitando el Nevado del Ruíz. / Código 004-1.

Pero de ese deshielo, al parecer, sólo se vinieron a percatar en 1958, cuando se suprimió de un tajo aquel deporte. “La escasez de la nieve —diría el 22 de enero el periódico La Patria— ha dificultado la realización de los campeonatos Internacional Abierto y Nacional Feria de Manizales (...). Será necesario realizar las pruebas casi en la cima”.

Hasta ahí, en el país, hubo rastro del esquí.

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La idea de treparse a la montaña y deslizarse hasta los mismos 4.800 msnm, en los que estamos parados hoy, nació en julio de 1949. Así, por lo menos, quedó registrado en el editorial de la revista Civismo: “Con verdadero éxito se ha organizado en la ciudad el Club de Ski, integrado por un grupo entusiasta de jóvenes, que gustan pasar el ‘Week end’ en la corona del nevado del Ruiz”.

Salto de Ski ejecutado por Richard Kirby en la Pista del Ruíz, durante Segundo Campeonato Nacional, 1952. / Código 550-4

Su creador fue un alemán que por nombre llevaba Karl Partch y que poco a poco, con esos dos tablones de madera agarrados a los pies y sostenido por un par de bastones tallados en cañabrava o chusque, comenzó a seducir a buena parte de los 126 mil habitantes de Manizales. Tanto que dos años después, atraídos por esa extraña actividad que sólo tenía lugar en los Alpes o los Pirineos, se dieron a la tarea, con Alcaldía y Gobernación, de organizar un campeonato: “El primer campeonato nacional de ski”.

Las páginas del diario regional, entonces, se llenaron de anuncios promocionando la competencia que tendría lugar el 29 de diciembre a las 8 a.m. “Más de 50 skiadores nacionales e internacionales se han inscrito”. “El evento cumple con todos los requisitos y normas a nivel internacional”. “Es uno de los actos deportivos de mayor relieve que se hayan celebrado en el país”.

Y los resultados, claro, fueron admirables: varios buses tuvieron que ser contratados para subir hasta esa meseta sobre la que ahora apenas se extiende la nieve. También llegaron una infinidad de automóviles que, seguramente, como hoy, subieron por trochas diminutas y empinadas.

Celebración del Primer Campeonato Nacional de Ski en el Ruíz en 1951. / Código 550-6.

Un día antes, a la ladera de la carretera, advirtiendo las incalculables ganancias del turismo, se había inaugurado en el kilómetro 27 el Hotel Termales del Ruiz. De nuevo, con alcalde y gobernador. Y con una banda musical venida desde Armenia.

Aquellas pruebas, con participantes extranjeros, que no eran más que inmigrantes de otras tierras (Estados Unidos, Holanda, Suiza, Alemania, Inglaterra, Italia, Rumania, Suecia, Argentina, Chile y Noruega), arrojaron un gran ganador: el mismo Karl Partch, quien, de hecho, batió el récord del continente en velocidad. Ganó en slalom 800 metros 35 puertas, en carrera libre 800 metros y, además, se llevó el título de salto todo competidor. Logró 15 metros con diez centímetros. Hoy el récord lo tiene el noruego Johan Remen Evensenes: 246,5 metros.

Caminantes Raiders Comanders en 1976. / Código 060-14.

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“Era un deporte tan exótico, tan llamativo y movía tanta gente, que se empezó a convertir en un paseo obligado para todos. En el sesenta, cuando ya se había acabado el esquí, en parte porque los europeos se fueron de la ciudad, nosotros, de niños, subíamos con bateas de madera que nos alquilaban por $2 y $3, y tras caminar una hora nos lanzábamos colina abajo. El trayecto duraba sólo un par de minutos”.

Esquiadores en el Ruíz en 1952. / Código 550-1- Fuente Centro de Historia de Manizales - La Patria.

Pero antes de que Vicente Arango Estrada, dueño de la anécdota y hoy presidente del Centro de Historia de Manizales, intentara, en su infancia, seguir los pasos de Partch sentado en esos butacos de madera, el Ruiz y sus nieves perpetuas habían cautivado a buena parte de Suramérica.

Después del éxito del 51, las competencias se repitieron año tras año. A la par se fueron levantando refugios y construcciones cada vez más sofisticados. Es más: entre ese lapso del 51 y el 58 crearon un Ski-Lift: esas sillas aéreas sostenidas por cables que permiten llegar al punto alto desde donde se van a deslizar. Pero el deshielo fue removiendo las bases que sostenían las dos torres y en algún lugar del que era un inconmensurable glaciar quedaron sepultadas.

Sin embargo, antes de que eso sucediera, las autoridades tenían el firme propósito de poner a marchar las competencias. Tanto que en el 57, al torneo lo querían llamar “El mejor de América”, para que además de los argentinos, chilenos y bolivianos que participaban, se “celebrara —como reza en La Patria— un evento internacional con europeos”.

Pero aunque ya en 1958 hubiese un entrenador gaucho encargado de preparar a nuestros “deportistas criollos”, como los llamaban, nada pudo evitar que la nieve cediera de forma paulatina.

Como cedió de manera trágica el 13 de noviembre de 1985, cuando el volcán se despertó y sepultó a Armero. Lo sepultó y fundió el 10% del masa glacial: 1,7 kilómetros cuadrados.

Turistas en el Nevado del Ruíz en 1951. / Código 550-8.

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A raíz de la erupción y de los ríos de fango que desencadenó, el acceso al Ruiz, hecho Parque Nacional Natural hace cuatro décadas —junto a otros nevados—, quedó clausurado.

“Y cuando se reabrió en el 92 —recuerda Gabriel, que lleva 36 años trabajando con Parques— nos encontramos con que su paisaje se había transformado: aparecieron unas cuevas hermosísimas, de puro hielo, por las que uno podía subir hasta la cumbre. Pero con el tiempo se derritieron, como también el nevado del Cisne, que hoy es paramillo y la masa de hielo que estaba sobre el volcán de Santa Rosa. Desde ahí todo era una gran cordillera blanca. Pero mire —señala— ahora está dividida por enormes manchas marrones”.

Visitantes en ladera del Nevado del Ruíz en 1969. / Código 60-21.

Desde aquella vez de Armero, según cuenta Jorge Ceballos, autor de Glaciares en Colombia, más que montañas con hielo, el nevado del Ruiz, como los otros cinco que quedan en el país, han perdido anualmente el 3 o 4% de su área por el impacto del clima. “Y como los nuestros —explica— son bajos, es decir, están a menos de 5.800 msnm corren más riesgos. En tres décadas, tal vez, dejen de existir. Una nueva erupción, en el peor de los escenarios, podría, en el caso del Ruiz, derretir todo”.

“Y —dice Milton, guardaparques como Gabriel— es muy triste que le digamos adiós a esa magia y a esa luz. Teniéndolos ahí, tan cerquita, tan a la mano. Es triste porque esta historia ya no la podemos revertir”.

El deporte atrajo gran cantidad de turistas al Ruíz. / Código 60-22.

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Por: Sergio Silva Numa

Fotos: Cortesía Centro de Historia de Manizales / www.centrodehistoriademanizales.com

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El Espectador

2014