
nombre de pila de Jojoy, El Espectador dialogó con un oficial que participó en la denominada ‘Operación Sodoma’. “Una lluvia de bombas y balas arropó lo que después supimos era el búnker donde se atrincheraba uno de los jefes subversivos más perseguidos por la tropa”, dijo el uniformado. Y recordó que la madrugada era oscura, pero tranquila, con un clima ideal para el camuflaje. El arrullador sonido de la selva fue cómplice para nuestro accionar”, contó tranquilamente, aunque después reconoció que se sorprendió por los resultados del operativo.
“Nos habían entregado las coordenadas, pero no sabíamos a ciencia cierta detrás de quiéníbamos”, dijo. “Solamente sabíamos que era un peso pesado de las Farc. En estos casos es mejor no conocer el objetivo exacto, porque pueden entrar a jugar factores determinantes como las emociones y la presión al saber que se va a dar de baja al hombre más sanguinario". En el operativo participaron 72 aeronaves, entre helicópteros y aviones cargados con medio centenar de bombas de precisión que fueron dirigidas contra el campamento madre de Jojoy. El oficial que participó en la epopeya militar añadió que “el ruido de la madrugada, ese típico ruido a veces ensordecedor de la selva, fue cómplice para evitar que nuestros pasos, incluso
nuestra respiración, fueran oídos por los cerca de 1.000 hombres que custodiaban a uno de los denominados blancos perfectos. Cuando la orden llegó desde el centro de operación, comenzamos a soltar una a una las bombas. Ahí fue todo ruido, todo humo. El olor a sangre y a muerte era penetrante y espantaba al más fuerte”. En la antesala del ataque se escucha en el video que registro la Fuerza Aérea lo siguiente: “Localizado, confirman. Segundo impacto. Veo tres blancos. Impacto”.
El oficial prosiguió: “El sonido aturdía. A pesar de mi experiencia la piel se me erizaba y sentía que mi cuerpo, igual que la tierra, se estremecía. Cuando los
En total fueron utilizadas 72 aeronaves para bombardear el campamento madre del segundo hombre en importancia de las Farc.
subversivos que escoltaban al jefe guerrillero percibieron el sonido de las aspas (del helicóptero) y la abundante presencia militar, intentaron repeler el ataque disparando, aturdidos, contra las aeronaves para asegurar la fuga de su comandante. En el primer bombardeo las esquirlas de una bomba provocaron heridas fatales al Mono Jojoy, quien no alcanzó a ser cargado por sus hombres, que caían tras un fuerte enfrentamiento con la Fuerza de Despliegue Rápido”.
Al sobrevolar la zona queda en evidencia el inmenso cráter que dejó el bombardeo y, por su extensión, en palabras del general Julio Alberto González, comandante de la FAC, se
“Allí supimos plenamente que habíamos dado en el blanco, el mismo que el Ejército persiguió por años. Estaba en nuestras manos y de allí no se iba a ir. Por fin acabábamos con uno de los más escurridizos comandantes guerrilleros, que mucho mal le hizo a Colombia, sembrando terror en el campo”, agregó otro oficial consultado por El Espectador. En una especie de madriguera minimizada, pero bien diseñada, en medio de la selva, entre el espeso follaje formado por ramas y troncos, invisible desde las alturas, fueron hallados los cuerpos del Mono Jojoy y varios de sus escoltas.